viernes 9 de octubre de 2009

Cabeza en ventana

Bien. Cuelga desde la última pasada por este rincón caótico. La razón: Se me acabaron las palabras a falta de alicientes que sirvieran a mis necesidades/gustos/demandas. Pero de último como que se me esta acomodando la chabeta. De modo que, útil o no, me dispongo a llenarle otros bits a la red, yo de estas cosas no sé un pelo. Mejor a lo que mastico. Cabeza en ventana, como se piensan las cosas cuando uno mira tantito abajo, tantito afuera y tanto sin ver más que intangibles. Para dentro de uno, sentado en un vehículo en movimiento. Bajo idénticas circunstancias me has salido a flote para variar.

Yo no sé si escribo para que me leas, lo más seguro es que ni te enteres. Sé que leo para escribirte. Leo a Sabines que se me cuela entre los palpos de una realidad que nunca existe más que contada, platicada como se tiñen las cosas sentado en la banca metálica frente a una neveria. Leo a Benedetti gracias a cuyos garabateos poéticos y por lo que estos tengan de convincentes para mi madre, he nacido.

Leo tus ojos en mis recuerdos que me mantienen aun sin habla ante una frase dicha a dos palabras sin más de cinco letras y recuerdo haber pensado -que pronto-. Leo tus huellas en mis secretos, aquellos cuyo único malentendido fue haberles consagrado un "nosotros" y que sin embargo se mantienen nuestros, a que no le has contado a nadie?

Leo cápitulos en saltos como a la Cortazar con el fin de desgastar la testa hasta que te me desmorones de los pliegues de la corteza cerebral, está que no me engaña, esta que aun te piensa. Leo en el aire: tu aroma. Leo en el piso: tu sombra.

Y como pasa con uno que otro best seller que de bueno no tiene más que la bendita fama, te leo a 500 hojas en edición rústica y de bolsillo. Y, tal como ocurre en estos libros, te imagino hasta que salga la pélicula.


domingo 12 de octubre de 2008

Ensayo de un viernes 21

La cosa empieza asi.

Es de noche en alguna playa, una de esas de arena dura, de las que tienen piedritas y algas revueltas en las orillas. De las que tienen mezcladas trozos de concha y pedazos de todo. Con la orilla corta y muy cerrada, envuelta con arboles que protegen de la vista interior. Solo se escucha una marea que viene y va de manera tan pausada que cuesta entender que es una playa y no un lago. De no ser por el mediano brote de espuma se entendería otro paisaje. Pero es una playa.

Es de noche, no se sabe que hora pero lo suficientemente tarde para verse todas las estrellas encima y el azul es tan intenso que da miedo mirarlo y al mismo tiempo invita a mantenerse bajo su yugo, atónito. Huele a frio, un frio que más que congelar o intimidar provoca desnudar el cuerpo y el alma para sentir como sana, con su humedad, los calores del ambiente y los dolores de casi cualquier clase.

Alicia (la expulsada) está varada en la única duna existente, en la única duna posible en tan estrecha bahía. Recostada boca arriba con la barbilla a 25 grados de la perpendicular que forman sus pies (con respecto a la duna) formados como soldados hasta lo más bajo de sus piernas. Esto como para aspirar más profundamente todo el aire que le ofrece el exilio. Las manos. La izquierda sobre el corazón y la derecha haciendo una cruz sobre la otra sosteniéndole el alma. la cara en mueca de agrado, como quien no tiene prisa de quedarse o de irse, simplemente está. Hay una sonrisa en sus labios, al menos eso parece. Un gesto como ese que es famoso en el arte, misterioso, que hace preguntarse que es lo que esconden sus cavilaciones. El cabello suelto sirviendo de almohada, la ropa mojada sirviendo de cama, de sábana, de bolsa. Da la apariencia de una virgen, da pena tocarla y da pena seguirla viendo, pena de la pudorosa que se convierte en pena de la que duele, la que desgarra. la imagen de Alicia, sin descomponerse, va volviéndose dolorosa al mantener velados los secretos de su mente.

Alicia sabe que tiene millones de estrellas encima suyo. Le gustan las estrellas. Siempre le entusiasmo verlas, voltear arriba y descubrirlas lejanas y sin embargo suyas. Esta noche prefiere verlas con otros ojos, saberlas prendidas de la carpa tremenda, presionando su cuerpo, aprisonanado su estado como si todas en verdad le cayeran encima para hacerla permanecer inmóvil ante su belleza. Y se encoge. Por eso mantiene las manos lo mas cerca de su ser para cersiorarse que respira, que late. Sonríe, porque de todos los lugares posibles en el mundo, no hay otro donde preferiría estar en ese instante que ahi mismo. Sola, desconocida, más inmóvil que una piedra. Alicia imagina, trata de imaginar, cree que imagina mejor dicho. Imagina que el vaivén de la marea se va volviendo más frecuente, que el mundo sigue girando y eso porque en verdad el mundo no pierde la capacidad de moverse solo por que ella esté decidiendo bajarse un rato del carrusel.

Alicia mira para dentro y hace realidad sus pensamientos, como fantasmas suceden las cosas al rededor, fantasmas que de poco son de colores y dejan de ser transparentes para solidificar sus existencias. Este hecho sustenta le teoría de que todo cuanto es nombrado o imaginado se vuelve real solo por eso. Es como uno de esos sueños donde uno primero se encuentra en un sitio y segundos después ya pasaron diez años. Alicia mira su vida; las cosas que ama, las que amo, lo que la lastima. Sus heridas, las de guerra, las del alma, las de muerte. y los recuerdos se le mezclan con la imaginación que acontece mientras tanto. Amanece.

Al alba le cae el sueño a Alicia. El amanecer dura un segundo y de nuevo la noche le aprisiona, queda como un barco viejo a merced del ambiente que la integra a su anatomía. Es como si le hubieran salido raíces y fuera totalmente incapaz de volverse ella misma. Perfecto lugar para pasar el día más importante del año.

Alicia decide subirse al mundo por fin.

Y abre los ojos sin abrirlos. En lugar de estrellas esta el techo. quiere descruzar las manos, el estrecho cajón le impide lograrlo. Mira de reojo (aun si abrir los ojos y girándolos todos) una habitación llena de sombras, iluminadisima pero llena de siluetas desdibujadas. No tiene la menor importancia concentrarse en identificar otra cosa que no sea la circunstancia, lo demás son accidentes. Alicia saborea su muerte y se duerme de nuevo.

La cosa sigue asi.

La mujer despierta, completamente entumecida recupera poco a poco la circulación de su plasma, comprueba el latido de su corazón , la presencia de su alma. Si duele es porque aun esta dentro, donde se la puso la vida. Aun pesa 50.21 kilos, aun mide 1.65 cm. Abre los ojos. Se incorpora violentamente encojiendo las piernas cuyos pies ahora hacen 40 grados con la tierra, con la arena mezclada. No respira si no que sorbe el aire como si tuviera mucho tiempo sin introducir vitalidad a su maquina respiratoria. Palmas en tierra comprende, la ilusión termino y aunque que grato fue el viaje, hay que volver a casa.

La cosa acaba cuando la playa se hace inmensa, la única duna se vuelve del montón, la arena mezclada se hace ligera y Ella que ha llegado pidiendo un minuto, se va caminando entre cerros de sal, haciéndose más pequeña. la playa se queda sola, solisima. Hace mas ruidos que nunca, de insectos y aves que La llaman a volver, a quedarse, a echar raíz.

La cosa es saber como resistir.

sábado 20 de septiembre de 2008

1+1=0

Uno no es si no la suma de sus principales dones o males.

Una horas. Supuestas unidades de medida que igual caben en un par de párrafos o en un cesto con capacidad para 8 litros de agua o 2 kilos de papel que podrían corresponder a un año de trabajo y a 20 minutos de desilusión. La paradójica comicidad del tiempo es sin duda un cuento de humor negro que Dios se inventa a si mismo todos los días, cuyos incautos protagonistas somos todos aunque ninguno alguna vez haya audicionado para asegurar el buen desempeño de su rol en la obra esta.

Mas que “unas” fue una. Pero parecía eterna y el tiempo se hacía como una liga mientras escribía la última carta, esta vez hubiera preferido referirse a un tal “usted” que escribirle un nombre como el encabezado y subtitulo de su réquiem impostergable. Si fue exactamente una hora. Misma en que los sentidos se le nublaron un poco, debido en parte al mal intestinal provocado por una tiranía amistosa (no vuelvo a comer ahí- pensó). Y vino la paramnesia con sus escuditos mentales inservibles y sus diminutas lanzas magnificadoras de lo negativo. El batallón espiritual de anticuerpos se murió completo al librar la primera batalla con un solo e insignificante recuerdo de una noche en la cima de no se que pueblo mexiquense con una cantidad ilógica de estrellas y luces citadinas, lejanas, lejanas (Aquí traigo a mis víctimas- recordó).

Respiro profundo, no sirvió, respiro más profundo, ídem. Contuvo la respiración y entonces las palabras empezaron a brotar de manera sensata. Sensata, sensatez, sens, sens…. Sensible, soy demasiado sensible- pensó. 30 minutos. Lo medible es de lo único que podemos estar seguros? No. Porque sé que pasó un tiempo pero no estoy segura de ese tiempo y el tomar un calendario no me va a hacer jurar ante ninguna escritura sagrada que no hay duda alguna sobre el tiempo invertido (mal que bien). Se acordó de un poema, escrito mucho antes de que sospechara de manera conciente que escribiría una carta sin encabezado (Intento hallarle un modo a esta realidad, para no fecharte en presente y dejarte de pensar…). Puede que su don de adivina haya dado frutos finalmente a favor suyo (…solo siento en la boca falta de sabores sin los tuyos mis amores, permanecen como muertos...) y no se dio cuenta a tiempo. En voz alta: Sos como aguafuerte para estos huesos que me suenan a esqueleto. Una pequeña carcajada, 45 minutos. Esto es lo correcto- siguió escribiendo. Para terminar: Y voy a extrañarte, Su nombre, el de ella, ese que escuchó muchas veces y que seguirá escuchando, pero no del mismo modo, jamás. Ese devenir, ese devenir, desgraciadamente nunca somos los mismos. Y también por fortuna somos otros (que razón tenía Mario).

Estas gotas, por que son? Habrá que escudriñar en el alma para descubrirlo, pero no tengo hoy derecho a perseguir ningún resto de nada por que nada queda si no las impresiones de lo que ya se convirtió en algo inexistente. Los recuerdos, llega un momento que de tanto traerlos se vuelven mentiras; como una blusa que se usa tanto que un día es un trapo y poco queda, si no en foto, de su gloria pasada. Por eso promete, la escritora, no acordarse de su nombre .Yo tampoco.

Y de fondo Celso Piña y Ruben dicen cosas que no se las cree ni su madre...


sábado 13 de septiembre de 2008

Muñequita, le dijo el ratón....

Nunca me faltes. Olvídame si es necesario, pero nunca me faltes. Sí me olvidas no significa que yo no vaya a recordarte, significa que intentas a ojo cerrado borrarte mi imagen y todas las cosas malas que nos hemos hecho el uno al otro. Pero a veces te caen como me han caído a mi estas noches, sentada en la duela fría de un armario, extrañándote. Con los ojos fijos en las puntas de los dedos de mis pies pensando en cuanto le haces falta a mis manos que no te tocan, a mis oídos que solo te inventan, a mi existencia que solo mantiene el vacío de tu presencia. Tu presencia que se difumina poco a poco y se le van borrando los rasgos menos sobresalientes. Me quedo con lo que importa, tus expresiones. Tus supongos tan necesarios en cualquier conversación para mantenerte a salvo de tomar partido, a salvo de mí. Tu mirada vacía, arrogante, enviciada, victimizada y con esa lágrima pendiente de no ser descubierta nunca. La cadencia enrarecida de tu lengua, filosa, inexacta, llena de términos y de palabras mal dispuestas. Una palabra tuya bastará para sanárme. Olvídame para que pueda entonces crearme más necesidad de tus mundos, esos que habitas lejos de todos y en compañía de nadie. Olvídame para que me aferre a perseguir nuestros imposibles toda la vida, castígame.

Colócame en la esquina cara a la pared en mi banquillo chaparro y hasme pensar en todos mis pecados, sonrieme de espaldas a sabiendas de que tu maldad me duele. Hasme necesitar ir a la iglesia para que todas mis oraciones se encaminen a recuperar el poco amor que puedas darme. No importa que método correctivo utilices, sabes que soy un caso perdido. Pero me gusta verte imaginando que tu silencio me hace bien, que te valoro más conforme te vas alejando. Y es cierto. Pero siempre seré esta misma. La insufrible, la que te pone la mano en la mejilla para acariciarte y con la otra te hace una diminuta herida en algún lado. La que llega cada cuando con la cola roja picudita entre las patas sobandose los cuernos para que la mimes un poco y después le prende fuego a tus heridas. Mímame ahora, no te esmeres en alejarme, en mantenerme al margen del único valor en mi vida con carácter de antigüedad. Quédate.

Sí no te vas prometo seguir siendo yo, no fallar jamas al concepto que te haces de mi, prometo no defraudarte, lastimarte, decirte siempre que te amo, demostrarte siempre la razón que has tenido y negarlo con todo mi vocabulario. Mantendremos la rutina: tu vas y venís de vez en cuando y yo haré que vengas a sentarte a mi lado para que miremos juntos las puntas de los dedos de mis pies y puedas canturrearme un día lo que entre lágrimas balbuceo de forma incomprensible para mi misma ahora.

La alternativa es que sigas cerrándome tus ojos Cámbiame de planeta y colócame donde no puedas verme jamás, del lado que te quede siempre oculto. Recuérdame solo entre nubes, como borrada por los días y por la ira, mátame en tu memoria, hasme un funeral y ve por ahí vestido de luto diciendo que alguna vez existí y perdiste mi vida a mano de cualquier tragedia, invéntame un final digno. Reniega de haberme amado, niega mi nombre, blasfema sobre nosotros, un nosotros que tuvo una vida tan corta que no supo donde termino de existir y , sin embargo, continua enviándonos secuelas para impedirnos enterrarle del todo. Has conmigo lo que consideres prudente, más que necesario, indispensable. No tienes que comunicármelo. Guardate el secreto en la almohada que nunca tocas y cuéntaselo solo a un charquito para que no revientes.

Pero por sobre todas las cosas e independiente a cualquier decisión que termines tomando, recuerda que nada tiene que ver conmigo, recuerda que siempre estarás pendiente aunque no lo quieras por que yo no te olvido. Así que, bajo amenaza, te pido. Te ruego. Te exijo. No me faltes nunca.

domingo 31 de agosto de 2008

Ahora que llueva...

Todo cuanto he amado se queda en mi corazón marcándolo de manera indeleble, sin importar el tiempo transcurido desde el primer latido hasta la decadencia, el olvido o el abandono, la marca permanecerá ahí siempre y caminare con ella a dondequiera que vaya. Como un tatuaje que lo desgasta el tiempo, como as rocas que erosiona el mar, van perdiendo forma y adoptan nuevos significados, pero nunca me abandonan las vendas y mis heridas de guerra.

Sí no te amo es porque sería un desperdicio de fuerza innecesario, hay cosas que no vale la pena escribirlas y sin embargo te dedico mi tiempo , te escribo, te nombro, te rezo. Y esto lo hago solo por un motivo. Prefiero ponerte en la memoria de mis ecos dactilares, resguardar la línea de tu sombra en mi memoria, que marcar con tu nombre con cincel en mi corazón por los días que me restan. El tuyo está escrito en mis palmas que reaccionan como imanes atrayendose a tus sílabas. Esta escrito con tinta negra, que ironía, para que el agua se lleve el campo magnético que han creado tus cargas en mí, para que electrocuten otras almas y no la mia. Me protejo de tí como se defiende una enfermera de cualquier plaga, a vacunas y atendiendo enfermos. Te atiendo, estoy contigo, tomo tu mano para que mires tu nombre escrito y te sirva de placebo, seco tu sudor, pero no me verás en el camastro del lado siendo atendida. Sí presento síntomas de enfermedad, me alejo para que no me mires tocerte, sufrirte. Me curo sola y con relojito en mano me mantengo pendiente de mis medicamentos. Vuelvo entonces, radiante, con nuevas cosas que decirte, siempre cambiente, constante solo en la promesa de no amarte, solo en mantenere lejos, solo en borrarte pronto, el día menos pensado. Sentarme y contarte una verdad que desconoces y que yo tejo conforme van pasando las horas. Mis horas que te he dedicado no porque lo valgas, no porque lo merescas.

Si, sí no te amo, no es porque sea incapaz de esculpirte en mi alma, es por que hay rincones demasiado sagrados para decorarlos con cualquier graffiti callejero. Voy a borrarte, deseo mirar la tinta desdibujandose entre mis palmas, convirtiendose menos en ti conforme avanza su camino hasta la coladera. Solo falta que llueva.

lunes 25 de agosto de 2008

Y si que produce monstruos

Me aclaro la garganta, tomo agua, tomo valor, precauciones: mínimas...respiro un poco, escribo y borro un par de veces... el sonido del teclado permanece hueco pero, aun así, es menester comunicarme contigo.

Hoy me cuesta trabajo escribirte. No solo hoy, ya son varios días. No es que no tenga nada que contarte, eso sería imposible, un sacrilegio. Por el contrario, tengo la cabeza llena de tantas y tantas cosas que tuve que abrirles válvula a los pensamientos y ya se me regaron aquí y allá. Es un pedecimiento total andarlos juntando, pero lo hago por tí pues necesito que sigas estando donde te puse. Me acuerdo mucho de tí hoy, sobretodo porque suena esta canción que nos dedicamos a desmenuzar alguna vez, te acuerdas? Es impresionate el tiempo que ha transcurrido desde entonces, parece que es como una liga, unos días imagino que fue hace tanto que necesitaría ser más vieja y luego hago cuentas y resulta ser mucho menos. Tu imagen es como esas rocas que las erosiona el agua del mar, se va desvaneciendo poco a poco, pero el TU esta intacto en mi memoria, solo ahí eres eterno, como la vida. Sabes porque dicen que la vida es eterna? Porque aunque tu y yo (antes te ha tocado a tí) estemos muertos un día, la vida seguira existiendo. Hay quien asegura que lo mismo ocurre con conceptos como el AMOR.

Yo lo dudo a ratos. No es que este dejando de creer en el amor, muy por el contrario, considero que (al igual que Empédocles) el amor es la fuerza que crea un balance en el universo. Pero cada segundo que pasa ese balance se inclina hacía sentimeintos contrarios. El egoismo toma lugares en la tierra que no ocupaba antes, Hobbes tiene más razón que nunca, antes creiamos en la humanidad, nos construimos ideales indestructibles que se esfumaron con el primer solpido del lobo. Hoy solo creemos en nosotros mismos, a duras penas. Todo esto me hace sentir como cada partícula que integra el mundo en torno a mi se va separando y es como si la realidad fuera un gas, tan falso, tan volátil. Hiciste bien en irte a tiempo.

Hubo una vez en que la vida en la tierra era tan violenta por la inestabilidad de la materia, que había que luchas contra todo, se sobrevivia. Eso fue hace millones de años, hoy la naturaleza es inestable por lo que hemos hecho con ella. Pretendemos vivir de la mejor manera posible y nos mentimos diciendo que todo esta bien, pero seguimos sobreviviendo. Cada segundo se comete al menos un acto de violencia en el mundo, la violencia dejo de ser un "atributo" natural de la condición humana y se ha convertido en un negocio aparentemente redituable. Y hay quienes se atreven a tildarte de estridente después de escucharte hablar con la voz cortada pidiendo justicia. De que nos sirve todo el nacionalismo del mundo sin calidad humana para entender la desesperación y la impotencia? Porque nos damos baños de humildad cuando lo único que en verdad nos ocupa es el bienestar de nuestra burbuja -Mientrás tenga un techo y comida esta bien- decimos. En Sudafrica ven bien el mundial, es bueno porque antes vivian peor, ahora solo hay animales muertos en las calles no pavimentadas repletas de inmundicia algo es ...algo?

Por eso no te escribo, no te hablo de último. No sé como encajarían estas palabras que le dicto a tus pensamientos y , más que en ellos, en esta realidad palpitante, agonizante, mundial. La maldad, el extremo negativo, existe solo por nuestra incompetencia para inculcar el valor del amor y el respeto entre nosotros. Sin embargo imagino que estas aquí, que has llegado a esta playa porque crees que basta con que un ave abra sus alas en La Patagonia, para que a nostros, a ti y a mi, nos pase algo bueno. Imagino, quiero presumir que es asi, que caes en esta laguna para poderte safar de todos los agobios que te ofrece la cotidianeidad. Por eso y apesar de la maraña de sentimientos e ideas en la que me encuentro sumergida, te regalo un poquito de belleza y realidad ajena. Provecho.

"Yo se que un día volverás a mi lado y vendrá de nuevo el sol contigo a iluminar este mundo sin ti menos humano y absolutamente nada divino. Voy a mirarte entrar por ese camino forjado a pesar de la naturaleza entre casuchas viejas blanqueadas por el sol y amargadas por la sal que vuela en el aire. Yo se que un día volverás con la brisa marina para no volverte atrás nunca más, volverás a mi lado y te sentarás en tu silla en nuestro pedazo de mundo que en lugar de caerse a pedazos esperándote se construye a si mismo cada mañana de solo saber que no tardas.

La gente en este sitio no comprende cuando les digo que ya te acercas, dicen que espero en vano a que me aparezcas entre las sombras de las 6 de tarde, sé que hablan de mí como una loca, los niños pasan frente a mi casa todos los días retándose a saludarme. Pero yo me mantengo fuerte para que cuando llegues me encuentres incorrupta a pesar de los años.

Se que vas a venir caminando con tu forma tan peculiar de tirar los pasos pesados, secándote la frente disimuladamente para que no note tu cansancio y ocultándote bajo el sombrero la falta de raíces que para ahora, me imagino, habrá atacado tu cabeza. Vas a llegar con el saco en una mano regando tu formalidad entre los arbustos y las hierbas crecidas que veré moverse al ritmo de tus pasos cautelosos para que no note tu llegada. Llegarás mientras miro al sol abandonarse al inevitable atardecer con la misa sonrisa que me viene cuando pienso que nos amamos alguna vez. Perdóname que utilice esas memorias para sonrojarme, pero aun me causa el mismo candor que entonces recordarnos así. Yo te veré a lo lejos como una leona que acecha a su presa para agarrarle desapercibida. Sentada con la espalda clavada en el respaldo, fingiré estar dormida para poder mirar con los parpados caídos que disimulan mi entreabrir de ojos, cada pisada que te acerque finalmente a mi yo material. Con cada paso que des, van a clavarse más mis huesos a la silla y mis manos nerviosas lloraran lo que no llore en este tiempo de espera.

No es que vayas a venir, es que se que ya estas viniendo. Estas viniendo desde que te fuiste y cada día que ha pasado la espera no se alarga si no que pierde segundos. Subirás los escalones y yo abriré los ojos para contemplarte casi definido por tus contornos que solo me difumina un mal ocular sin importancia. Voy a sentir tu aroma desde ahí y tu me miraras también como queriendo decirme todo para explicarme nada. Pero no voy a permitirte abrir la boca. Vas a sentarte de mi lado izquierdo y tomarás mi mano entre la derecha tuya. Me mirarás y yo te miraré mirarme de reojo siempre sonriente con la dirección clavada aun en el horizonte. Cuando acabe de caerse el sol voy a levantarme y tu te levantarás tras de mi siguiéndome sin invitaciones por que no vas a necesitarlas. Vamos a cerrar la puerta de esta casa expectante y no va a pasar nada que no pudiera ver Dios por que ya no será necesario siquiera hablarnos.

Voy a acurrucar mi cuerpo en el tuyo y dormiremos juntos, tú velando mi sueño y yo el tuyo como entonces. Y voy a olvidar que algún día te fuste sin decirme a donde o porque. No habrá necesidad de perdonarte nada con solo sentir el calor de tu presencia junto a la mía finalmente. Yo se que vendrás porque así es como debe de ser y es. Que tu me llegues de regreso porque he sabido ser paciente y no he dejado de Marte n solo día de mi vida que hoy se acerca a su final. Dios sabe que vas a venir aunque todas las bocas lo nieguen y se cansen de mentirme que no es cierto. Yo no me cansaré nunca de mirarte llegar.

Y amanecerá, y volverás a venir como lo haces cada tarde. Vas a venir, ya estas por llegar."


IMAGEN: Capricho nº 43, El sueño de la razón produce monstruos, Francisco de Goya y Lucientes.

miércoles 20 de agosto de 2008

Caballos de fuerza

Tengo hábitos. Que le voy a hacer. Para empezar tengo el mal habito de jugar, al menos hay que ser afortunada en algo. Tengo la fortuna de ser mala para muchas cosas; para la música, las matemáticas, los juegos de mesa, la obediencia, la fidelidad, pero me gusta cantar, contarte cosas, sentarme en tu mesa a jugar contigo y hacer como que nos somos fieles... mientras estamos juntos, tres es multitud. Te digo, me gustan los juegos y en los mios nunca pierdo aunque tu creas que me estas ganando. Soy como una discipula del lobo. Me pongo mi capa, agarro mi canasta y me voy brincando directito a ver a mi abuelita con orejas y cola, me encanta que creas que lo que hago es escapar cuando solo muevo los brazos para no quedarme tan inmovil, pero cuando me canso de seguir el cuento busco mi final alternativo. Te abrazo, abro mi canastita, pongo el mantel y te comparto de mis galletitas con memelada, cuando acabas te cuento que estaban caducas (claro, finjo que apenas me he dado cuenta) y después de ver como te tuerces del dolor, te curo: Jaque mate! Y cuando me canso de estarte sosteniendo la cabeza, le llamo al cazador para que te tire un plomazo. Pero esos no son mis habitos, es más bien mi modus operandi. Mi mano derecha siempre esta dejando de hacer cosas para que la izquierda se tome atribuciones que no le corresponden y la obligue a caer en tentaciones.

Fuera de ahí, tengo buenos hábitos; siempre digo gracias y sí me das las buenas trades te contesto siempre, sí estornudas digo salud, sí brindas lo hago contigo aunque no sea por tí, (beber solo es terrible) sí me das de tus dulces te acepto uno. Total, desbanque a Alicia solo que a mi no me vas a poner a recitar, pero pasame la pipa y nos ponemos de acuerdo. Adquiero habitos a cada rato, uno al día para sentir que no se fueron las 24 en vano. Algo que nunca hago es habituarme, esque soy de esas que huyen siempre trás el conejo blanco asi que cuando menos te lo piensas te quedan de recuerdo unas pisaditas en el pasto y el olor a perfume en el aire, ya si salimos con suerte un sueter para que me tengas pendiente de volver un día, el menos pensado. Esa es una muletilla o como el zapato de la Cenicienta, no soy tan descuidada como te imaginas, más bien procuro distraerme. Ya habíamos hablado de eso. Soy más buena que el pan porque no voy a hacerte engordar nunca, tampoco que vaya a alentarte para bajar de peso, pero me encanta como te esfuerzas por hacerlo para caerme bien. Me gusta acordarme de tí porque no soy como las que se acuerdan y sufren, yo me sonrio de tus inmadureces y de tus malas formas porque son trofeos que me voy juntando, como cuando juegas turista y vas comprando hasta las propiedades que menos valen o las más feas para tener hotelitos en todas y reirte cuando caen los otros. Me sonrió más cuando depués de jurarte extinto y blasfemar en mi contra, me llamas a las 12 de la noche porque extrañas mi voz y me dices mi amor.

Me gusta que reces por la salvación de mi alma mientras me llevo la tuya, no quiero sentirme tan sola allá abajo. Prometo enseñarte con el ejemplo, por eso estoy haciendo cosas nuevas todo el tiempo, siempre hay una primera vez. Dejame averiguo donde podría convenirnos que te ponga y entonces empezamos a tutearnos. Voy a procurar que siempre me tengas como tu buenecita, la que no hace nada que deje evidencia, la que no rompe un plato intencionalmente, la que solo mata las moscas para que no se paren en tu comida (mientras brinco de la nube al fogón y de regreso a tus espaldas). Cuando quieras que te cuente toda la verdad, te pido prestada una mano, nos sentamos en una mesa y vemos como te puedo ganar, cantame tus victorias. Pero en lo que te decides, dejame que te haga participe de los garabatos que tengo en la mente, puede que te encuentres con algo que adoptar aquí o allá. Robate mis verborreas, hazlas tuyas, aferrate a ellas como a una espalda, como a un tronco, que no te preocupen mucho los derechos de autor, dame un motivo para demandarte o ponle mi inicial al final de cada uno de tus aprendizajes. Los mios mejor los dejo en el anonimato, sientete libre de saberte responsable de todos ellos. Siempre he tenido la necesidad de ponerme necia con los habitos.

¡Dios mio!, me pregunto, ¿esto es lo que llaman enajenación?,
¿o es el principio de mi decadencia?
-Jaime Sabines.