Quiero que se quede tu mano en mi mejilla. A un lado del lugar donde tu voz no equivoca sus confesiones. Quiero guardar la sensación de tu mano firme acariciando, tocando mis pensamientos. Convirtiéndolos en actos, haciéndolos tuyos. Haciéndome tuya. Quiero extender el tacto de tu mano callosa sobre mi espalda acercándome a tu pecho para que respire la ansiedad que emana de tus labios que me quitan el espacio donde existo sin ti. Quiero que me invadas las fronteras que trazo en cuanto amanece.
Fijas en mis ojos tus pupilas mientras el vaivén de los segundos nos mece en mi cama y parece que gritaras las cosas que espero que me digas. Extrañaba tu cama. Qué tiene mi cama de especial. Tú. Acaricias mi cintura. Tu piel. Arrancan tus brazos de un tajo el espacio que fabrico para no sentirte tanto. Para no sentirte en mi corazón. Me pones junto al tuyo y siento como se aceleran tus latidos al ritmo de un juego que nos sale tan bien que parecería que inventamos sus reglas. Te gusta. En lugar de contestarte intento recordar si alguna vez hemos errado la táctica. No se encuentran recuerdos bajo esa categoría.
Es como si el tiempo se hiciera un hilo interminable de una sustancia pesada y deliciosa que no acaba de fluir a paso lento. Perfecto. Me conoces tan bien que no adivinas mis movimientos, te entregas a ellos sin dejar de fijar la más dulce de tus miradas en mis ojos que te traducen las sensaciones que mi cuerpo experimenta causa del afortunado accidente de conocernos. De tenernos tanta curiosidad.
Pon tu frente siempre en mi frente sin dejar de mirarme adivinando cuando el río se convierte en tormenta. Dime todas esas cosas suavemente al oído y despeja con ello mis dudas por unos minutos. Aunque vuelvan después, vendrán diluidas, contaminadas de ti . Entierra en mi piel con tus uñas esas cosas que le hacen falta al nosotros.
Pon tu mano en mi mejilla para que te cuente los callos mientras acercas con ella mi boca a tu boca y me entregas un beso lento. Pon tu boca en mi cuerpo donde se te antoje que me haces más falta, al fin que ni tengo que pedir lo que adivinas. Lo que de sobra sabes. Sabes a lo que saben las cosas que nunca dejan de ser nuevas. A lo que saben mis deseos. Sabes a las partes que más me gustan de ti y que confieso por valores mientras llueve dentro de este cuarto una vez y una más. Y al final, el hilo sin romperse encadena nuestros brazos.
Mariposas taiwanesas
Por fortuna, somos otros. Mario Benedetti
martes 18 de octubre de 2011
miércoles 1 de junio de 2011
No sé
Será. Que te pareces a esa parte de mi que ebulle cuando la noche se canta más oscura que de costumbre. Será que no eres de carne. Que no eres. Que tus músculos los conforman mis incapacidades, tus huesos son laminas de todas las cosas que nunca te dije y la extensa capa que envuelve tus contornos es un tapiz de mis recuerdos. O tal vez que te dibujo el rostro cada que un suspiro se encuentra con mi sistema y evacúo con el mi necesidad de decir tu nombre, de pronunciarte como parte de mi lista de pertenencias. Será que cuando empaco te doblo entre mis cosas para traerte siempre, usándote en todas mis combinaciones, vistiéndome con tus tapices. Será que te cuelgas la carátula del tiempo para contarme los segundos que pongo de espacio entre las promesas y el olvido.
Será que tu boca mordió mis células deformándolas todas, infectándome de muerte. Será que ahora se multiplican todas con la firma del fabricante a un ritmo tan acelerado que no hay ningún medio que logre contenerlas. Será que por eso entre más lavo mis recuerdos, más vívidas vuelven a mi tus palabras y se oye tu voz como si el sonido nunca se desgarrara en el espació. Será que un día dejaré de ser de carne. No seré. Mis músculos serán solo el cúmulo de todas tus incapacidades, mis huesos los formarán hileras interminables de las cosas que te callaste y esta tela que llamo piel no será más que el resumen de todos los momentos. Y me pareceré a esa parte de ti que solo existe cuando la noche en sus esquinas menos alumbradas me dice -No sé.
O será simplemente que tenemos partes que solo existen para nosotros, que solo viven si las vivimos.
Será que tu boca mordió mis células deformándolas todas, infectándome de muerte. Será que ahora se multiplican todas con la firma del fabricante a un ritmo tan acelerado que no hay ningún medio que logre contenerlas. Será que por eso entre más lavo mis recuerdos, más vívidas vuelven a mi tus palabras y se oye tu voz como si el sonido nunca se desgarrara en el espació. Será que un día dejaré de ser de carne. No seré. Mis músculos serán solo el cúmulo de todas tus incapacidades, mis huesos los formarán hileras interminables de las cosas que te callaste y esta tela que llamo piel no será más que el resumen de todos los momentos. Y me pareceré a esa parte de ti que solo existe cuando la noche en sus esquinas menos alumbradas me dice -No sé.
O será simplemente que tenemos partes que solo existen para nosotros, que solo viven si las vivimos.
domingo 26 de septiembre de 2010
Coraza
Soy un mirón. Ya lo había dicho. Dejo mis ojos en la puerta del hospicio de cuando en cuando, pero nunca me olvido. Vuelvo, les compro cosas, los alimento y vamos de nuevo juntos como reintegrándonos. Y te miro. Y descubró en tu persona fragmentos de muchos y nombres de nadie. Pero están ahí. Son los tus que tú eres sin que te pertenezcan porque son mios. Los que te coloco en las cosas que haces, en tus gestos, en tus olores, en mis alusiones incontrolables, en mis alucinaciones sin fin. Te miro de cuenta nueva y se aparecen entre los pliegues de tu ropa como pelusas bajo mi cama, las cosas que dirías si fueras ellos. Recuerdo sus voces. Los tonos y timbres, sus notas.
Es como si estuvieran conmigo. Cuando suena el Ave María contenido bajo un techo de la altura de mi anhelo por que fuera tu recia voz la que lo trajera a mis oídos. Cuando me respondo la pregunta que nunca te hice mirando una mano que me entrega un volante como si fuera la tuya. Al escuchar la lluvia que, solo una vez, dibujo en mi cabeza sus pasos de baile mientras me besabas. Por eso no te vas nunca. Por eso le creo a Mario cuando dice que estará donde menos me imagine. Por eso dejo intacta tu orilla y mantengo una cuerda prendida del marco que protege (apenas) mis ilusiones. Por eso dejo un camino de migajas en todas las cosas que hago y cifro mis pasos con métodos sencillos.
Luego, la vida se me escapa y me hundo en mis promesas. Me borro la sonrisa, te empaco la esperanza y pongo mis ojos en adopción por cuenta nueva. Sin miedo a perderlos, quién en su sano juicio pondría en su mente mis pesadillas. Bajo este cielo que se me antoja premonitorio de males pocos, cuento las horas que nos quedan juntos y absorbo cuanto puedo para el momento de volverme a cegar por voluntad propia hasta que de nuevo diga, soy un mirón.
sábado 25 de septiembre de 2010
De los accidentes y mareas
Es que uno no escribe, no piensa. Escupe partículas propias y va dejándolas como esporas para crearse a su imagen y semejanza, reflejándose siempre deforme ante y entre otros. Clonándose en los refugios más insólitos que le obsequia el destino. Haciéndose dios, santo y diablo de su propio microcosmos. No es que uno lo haga intencionalmente siempre, son accidentes. Eso que lo define a uno de ser quien es y que, por naturaleza, se va dejando donde uno pisa, ese ego. Es catarsis.
Uno no respira. Absorbe el viento y juega con el aire por dentro para deteriorase en si mismo, riéndose de sus quimeras, yendo a rociarlas en otros pulmones para sentir que así uno abarca volúmenes que ni las pútridas condiciones de la física y la matemática delimitan. Porque uno se desvanece y no se evapora como toda materia pasándose todas las leyes, no es que el gato haya sido asesinado.
Uno no crece. Abarca con egoísta afán los espacios de lo que quisiera poseer e intenta firmarse en todas partes creyendo que estirarse es suficiente para alcanzar la eternidad y resumir la gloria en un pedazo de territorio ganado aunque este no represente más de un grano de sal. Uno lo llama fin a ese grano hasta que él mismo muta en medio.
Uno no cambia. Pretende perfeccionarse y en el intento se erosiona. En el intento se pierde y se encuentra tantas veces que es difícil llegar a cualquier conclusión certera sobre los datos que integran el propio perfil. Una vez más, accidentes. Es que uno se cree inmutable aun siendo arrastrado por la incontenible marea de sus palabras. Uno no es uno, siempre -y por desventura- consigue como sortearse a si mismo...
Por fortuna, dijo y lo confirmo, somos otros.
sábado 4 de septiembre de 2010
No lo supongo, lo sé de cierto
Publicando borradores...
Tan perfecta como el ambar, la piel brillante a fuerza de luna por debajo de una sábana colocada a medio intento de cubrirla, de rescatarle el poco pudor que pudiera dejarle vivo el sueño. Los gruesos labios sellados en una llana sonrisa, rosados, hinchados de besos. Metida en un mundo que transtorna la realidad de tal modo que no parece dormida, no parece usada. Protagoniza un lienzo cubista con sus robustos recodos entornados suavemente en pro de la felicidad de quien a su almohada vela. Impoluta compañera de un recuerdo, excentrica respuesta a una pregunta. Descansa contemplada desde cerca.
EL.No es la primera vez que te encuentrás en mis brazos y sin embargo nunca había mirado el contorno de tu sombra en mi vida. De tu sombra que, de a poco pero con firmeza, se va tornando en una imagen nítida, con contornos en las palmas, con lunares, coloreada. Me atemoriza terriblemente compartirme contigo, exponerme totalmente a tu escrutinio y sin embargo me conoces mejor de lo que me conosco a mi mismo. Me lees a lo lejos y sin gafas, me predices, interceptas mis mentiras y en lugar de detestarme por eso pareciera que me amas. No, no es amor. Es más perfecto. Es nuestro.
No puedo ni decir tu nombre por que tu nombre no es el tuyo para ambos. Tu nombre se esconde entre líneas, lo tienes pegado a las pupilas, tu nombre significa muchas cosas menos aquellas que de nacimiento te condenan. No eres Diosa, eres agua. Vuela mi mano sobre tu garganta y quisiera destrozarle por infectar mi soledad con tus palabras. Por taladrar mi cerebro con tu forma de decir las cosas. Eres el único secreto que me apetece guardarme, la única mano a quien confiaría mi vida de necesitarlo. Eres, sin mucha explicación pues el ser como te ocurre deja de ser al explicarse.
ELLA. No duermo. Respiro tu mirada. La que se escapa entre tus pestañas. Escucho tus pensamientos, nos escucho conversar refiriendonos a nosotros como si fueramos el argumento de alguna obra, el resumen de un libro. Tu mano se pasea queriendo destruir la quietud del instante y mi mente se contruye una útopia donde tu nombre no se mienta, donde tu existencia se confirme. Donde no necesite tomar tu dedo y contornear mi rostro para que me adivines en la penumbra, un día en que tus manos me alcancen a tientas y me encuentren. Quisiera que no existieras. Pero existes. No necesito mirarte para saber como se deforma tu rostro en una sonrisa, como miran tus ojos cuando creen que no estoy atenta. Que vulgar ser como todos.
Abro los ojos y te sorprendo mirandome, mirandote en mis ojos. Respiro. Respiras. Escondes tu cabeza en un abrazo, no es la primera vez, pero nunca había dormido contigo.
De como distinguir el inicio del final
Manos en el bolsillo de un pantalón gris de lana, sueter negro de cuello alto, esos zapatos que hacen ruido por más que uno no se los permita. Te ame. Pañuelo de seda a cuadros grises en el cuello, largo, la cara que combina. Y ahora duele hacerlo. La mano izquierda (la mia) juega en el bolsillo con un anillo que no descanza, y no lo hara nunca más, en un dedo. Maquillada desde la punta mas lejana del ojo, los labios cristalizados, mas rubor que de costumbre. Aunque quiera el pasado no se convierte en un papel. Una lágrima que sige a otra creando un pequeño rio que recorre lo que le conviene de piel y deshidrata sus ansias llegando al suave textil. Como quito de mi pecho el tatuaje de tus besos. En la mano derecha (la tuya) unas uñas enterrandose en la piel, largas, lastimando para sentir al menos dolor por otra cosa que no sea del alma. Necesito sangrar para entender que esto es real. Es de noche, ha llovido, puede verse el piso humedecido y aun se escucha ese zumbido que deja tras de si la lluvia cuando ha sido fuerte. Me equivoque. No hay ni luna ni estrellas, no hay más gente en la calle que la que se va inventandoy desvaneciendo como estela tras sus pasos en una pelicula de recuerdos y dolencias a futuro. Yo sé que te voy a amar, para toda mi vida sé que te voy a amar. Canta, rie.
Me equivoque. Siempre tendremos Tokio Rose.
viernes 3 de septiembre de 2010
Revisión y medidas
A la distancia de un 18 de abril del 2008, Miguel sigue muerto. Y su tumba sigue sin tener una flor que de mi mano le cayera. Los desayunos son menos protocolarios y mi amor por ti va en ascenso. Me he reivindicado. Ya no juego al turista, ya no te cobro cada caída. Mis bolsillos siguen llenos de artículos varios y mi mente de ensoñaciones irremediables. Sigo siendo amante de los puntos, las comas, las i griegas. Me invento palabras, términos y expresiones para que vengas a robármelas. Ahora lo sé, escribía para encontrarlo (a él) alguna vez, reencontrarnos. Y paso.
Ya no necesito conocerte, podría pintarte a ciegas. Se acabaron las preguntas y la pobres dudas. Escupí estas miles de letras desde que necesite sacarte de mi alma. Pero tengo tan poca fuerza de voluntad que de poco escribir te metiste más. Aun aquí es como si estuvieras enterrado vivo boca bajo. Te me hundes. Y, aun así, no estás más cerca.
Sigo teniendo las manos como un puñado de tijeras. Soy peligrosa. Te cambio de nombre para que no me sepas, si te mastico crezco y si te tomo me hago pequeña. Miento mejor y por peores causas. Me caigo menos y me levanto poco, extiendo mi mano... el vacío. Hoy sé decir adiós y sigo odiando hacerlo, me escaparé siempre. No creo encontrar donde guardar mis zapatos. Aun es eterno el olvido, nunca sigue siendo mucho tiempo y para siempre continua rompiéndose a cada segundo.
¿Acaso habrá cambiado en dos años y medio algo en este sitio? Demasiadas cosas. Pero hay un nosotros inmutable que respeto más que a mi misma. El conjunto que respiramos por segundos cada millón de minutos cuando la vida nos junta y tu mano sostiene la mía y mi boca respira en la tuya.
Soy distinta. No mejor. Sin embargo hoy el peso de mis secretos es tan grave que por primera vez quiero que sepas quien soy sin tanto adorno. aunque siga teniendo los mismos tres lectores. Aunque opinen extraños y anónimos. Aunque mi mano toque el vacío.
A partir de aquí, termina la propiedad privada. Voy a desnudarme despacio y de a poco. Esta es mi piel.
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